Y allí va ella con su falda corta y su mirada perdida, sin más lumbre que la luna y los primeros rayos de la alborada. Con sus labios aún manchados del coñac de aquella copa que de pasar por su boca se iba quedando sin hada.
Tal coincidencia la cruza, con un apuesto trovador, con barba desaliñada y sin un euro en su zurrón. Con paso firme y tranquilo, el se acerca a su encuentro y tras titubear por supuesto comienza su prosa con ritmo:
-Esta noche quiero ser el príncipe azul de tu cuento de hadas, resbalar por las cornisas y aparecer en tu ventana, adentrarme en tu alcoba, colarme en tu cama, desnudarte lentamente y fundirnos en uno hasta que nos despierte la mañana.
Vuelta al mundo nuestra chica, rima sin descanso seca las gotas del vaso y continua con tino este canto:
-Mas si en mi ventana apareces, no encontrarás más que la Luna, que aún se cuela y me lleva con su fría y dulce locura. Si aún quieres verme, ven conmigo sin escusas, te llevare al fin del mundo con tan solo el negro de mi pluma.
Ya se va la poetisa de la mano del trovador, ya se van a otro mundo, tan solo para los dos.
Tenías razón, una vez más me dejas con la boca abierta. Da gusto leerte Jose :)
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