Siempre has intentado no excederte con las palabras, no hablar demasiado para no resbalar y caer, no ser tu mismo cuando nunca lo deberías de haber cambiado. Ahora lo estas viendo, te duelen las cosas, preguntas por las formas, intentas buscar culpables, buscar errores, dices que como te ha pasado a ti, que a que se debe este hecho inesperado y al final con que te quedas, con todo lo que no has visto mientras has estado ciego, como los sentimientos se tornan agrios cuando ya no queda por lo que sentir, con la impotencia de saber que no has podido hacer más aunque quisieras.
Ahora insensato, te estoy dando la oportunidad de reconvertirte, de coger los cimientos que se han caído y levantarlos del suelo, de ignorar al pasado y centrarte en un futuro prospero y aunque ahora duro, escucha, seguro que mejora.
Sabes suficientemente bien que cuando hasta los grillos callan y la luna es la única que te alumbra, quizás puede que también te acompañe la pantalla de ese ordenador en el que pasas tantas horas, todo el peso caerá sobre tus hombros, todas las palabras de una conversación corta correrán a sus anchas por tu cabeza, en ese momento en el que nadie te podrá escuchar porque estarás solo, debes de ser valiente, pero no lo digo porque quiero que vayas de machito, lo digo porque sabes que tienes que aguantar, ser valiente para no caer, no derrumbarte por mucho que todo lo quiera.
Sabes que irremediablemente volverás allí, estarás frente a frente a tu destino, que nada, absolutamente nada te haga alejarte de lo que de verdad sabes que es lo correcto.
Así pues pequeño oyente, Sal adelante y enfréntate a tu destino.
Meléndez Lo
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